Por: Catalina Bonnet En: mayo 09, 2016 Dentro de: Salvaje Maternidad Comentarios: 0

Hoy quiero hablar de ser mujer. O por lo menos un aspecto de ser mujer. Este es un artículo de una mamá para otras mamás y todas las que quieren serlo. E invito a los hombres a leer esta entrada también. A todos esos maravillosos hombres que tienen a una gran mujer al lado. A esos hombres que apoyan a su mujer empoderada, que la alientan y la contienen. Sí. Porque de dos, se hace un gran equipo.

 

Desde que nació mi hija, TENGO HAMBRE. Pero de esa hambre nivel elefante. HAMBRE. Sobretodo por la noche, lo que es fatal, ya que estoy programada para comer poco y mantener la línea y bla bla bla. Y de noche ojalá comer puras hojas. Pero esto es superior a mi. El cuerpo es muy sabio. Sabe perfectamente lo que hace. Y como esto no tiene solución aparente en un horizonte cercano, he decidido aceptarlo por lo que es.

Mi hija cumple un año a fin de mes y amamanta a libre demanda 24/7. Sobretodo en la noche. Es hermoso y horrible a la vez. Tremendamente agotador. Por eso, no es raro que todas las noches mi cuerpo me pida carbohidratos lentos, grasas y proteinas para una nueva noche, donde la demanda es mayor que de día.

Y como el hambre está en piloto automático, ayer partí a comprarme un helado de yogurt endulzado con manjar y en cono de chocolate cubierto con trozos de barquillo. Gluten, caseína y carbohidratos a la vena. Todo lo que mi genotipo Cazadora no debe comer. Por lo menos pedí yogurt sin lactosa. Algo es algo.

Cuando los humanos somos guaguitas, tenemos mucha necesidad de contacto con nuestra madre. Es natural y ES BUENO que sea así. Esas barbaridades de ignorar el llanto de un bebé ya quedaron en el pasado. Por eso, muchas veces el coche va vacío, y la Celeste está en brazos míos o de su papá. O en su mochila ergo maravillosa.

En este contexto, escuché ayer una frase al pasar por afuera de un negocio después de comprarme el helado, que me quedó dando vueltas y me abrió un poco más los ojos:

 

“Jajajaa, cacha la mamá bacán, “la hace toa“. Tiene a la guagua en un brazo, maneja el coche con el otro y lleva un helao.”

 

Estoy tan metida en la rutina, que no me he dado cuenta. Efectivamente la estoy “haciendo toa”. Pero no solamente yo. Somos miles de mamás que están haciendo la revolución silenciosa.

 

La revolución de desinstalar el chip que nos vendieron de la super mujer, y apostar por una crianza amorosa y llena de respeto hacia nuestros cachorros, convirtiéndonos verdaderamente en super mujeres: Mujeres, profesionales, llenas de propósito, apasionadas, entregadas, soñadoras. Además: mamás, enamoradas de nuestros hijos y que no tenemos ningún minuto que perder. Mujeres con un super poder a su haber. Mujeres que por amor y por necesidad de cumplir con variedad de demandas “la hacen toa”.

 

No todas las mujeres tienen la experiencia de ser mamá. Si eres como yo fui, quizás no quieres serlo, porque prefieres enfocarte en tu vida antes que enfocarte en la vida de otro. Viajar por el mundo; realizarte profesionalmente; tener libertad para hacer lo que se te ocurra cuando se te ocurra; ir a happy hours con tus amigas después de la pega…

Otras mujeres, no pueden tener hijos. A otras, se le pasó el tren. Otras, tienen mucho miedo de pensar en parir. Y así. Hay de todo.

Me quiero enfocar en el primer grupo, que era donde yo estaba el año antes de embarazarme. Espero no ser demadiado latera, pero voy a hablar por un momento de mí.

Yo estaba en ese mundo y habitaba en un profundo desamor. Lo que más me interesaba era tener la libertad para hacer lo que se me ocurriera cuando se me ocurriera, y nunca supe hasta ahora, que esa libertad nunca se pierde.

Me he dado cuenta que lo que construí en torno a esa idea de ser Child Free era una ilusión. Estaba marcando el paso, llena de miedo a todo eso que tanto anhelaba. No estaba viajando por el mundo, ni creciendo profesionalmente, ni tampoco yendo a happy hours con amigas (¡erf! porque o tenían hijos, o estaban viajando por el mundo, o vivíamos demasiado lejos.). Solo tenía la libertad de hacer lo que quisiera cuando quisiera.

Mi hija llegó porque quiso llegar. Un tiempo antes habíamos hablado de la posibilidad pero siempre pensamos en el año siguiente (porque íbamos a viajar a Europa).

Siempre me la imagino esperando y pensando: “¡ya po chiquillos, pónganse de acuerdo, me quiero encarnar!”. Nos abrimos a la posibilidad y ¡CHAN! se anidó en mi vientre.

Cuento corto, quedé embarazada y junto con eso, pasó algo maravilloso, que no es casual y que me he dado cuenta que le pasa a muchas mujeres:

 

Todo aquello que tanto temía, fue justamente lo que me liberó.

Cuando una mujer se convierte en madre,

conecta con un poder oculto, que aparece solamente con la maternidad.

 

Es una fuerza difícil de describir. Es una capacidad para hacer algo que nadie te enseñó a hacer, y que es muy instintivo. Es sacar fuerzas de en verdad NO SÉ DONDE cuando ya crees que no te quedan fuerzas para seguir. Es jugar con tu hij@ cuando despierta porque te nace hacerlo a pesar de haber estado rogando para que siga durmiendo porque pasaste una noche más de mal dormir y quieres un tiempo para ti: para darte un baño de tina; escribir una entrada de blog; trabajar en tu próximo proyecto apasionante; tirarte a hacer nada; leer ese libro que tienes botado hace días; navegar por internet; conectarte a WhatsApp, y qué sé yo.

 

La maternidad es aprender a ser flexible y bailar con la vida.

FLEXIBLE

Imagen: iStock

 

Mientras que muchas personas piensan que la vida “se acaba” con la responsabilidad de la maternidad, hoy digo que ser mamá en estos tiempos, es una oportunidad sin igual para abrirte al mundo. A ver la vida de otra manera. A conectarte con tu poder creativo. A hacer una obra de reingeniería de tu vida para estar con tus hijos y manejar tus tiempos. Ya somos cada vez más las mamás que nos estamos desafiando creativamente para tener una vida mejor, con más calidad, más amor, y por qué no decirlo, una vida más sencilla, más fácil. Somos cada vez más las mujeres que en que la estamos “haciendo toa”.

Estaba tan equivocada. La vida no se acaba cuando llegan los hijos. Es ahí cuando verdaderamente comienza. Es un desafío. Es una oportunidad para ser la mejor versión de ti y así enseñarle a tu hij@ desde la experiencia, no desde la teoría.

 

Pero sobretodo, es UNA OPORTUNIDAD PARA OBSERVAR LA VIDA DESDE SUS INICIOS Y HACER EL GRAN ACTO DE HUMILDAD: PERMITIR QUE TU HIJ@ TE GUÍE.

 

Estoy convencida que mi gran Coach es mi hija Celeste. Incluso tuve diferencias con una psicóloga que respeto bastante al respecto. “No le des la responsabilidad a tu hija de tu proceso de crecimiento. Es una carga demasiado pesada para ella. No es tu hija, es tu maternidad.”, me decía.

Sin embargo, discrepo. Ella no es responsable de mi proceso, es mi catalizador. Yo soy responsable de mi proceso, pero su existencia lo aceleró. Y si ella no existiera, no tendría maternidad.

Los hijos son maestros que vienen a mostrarnos una serie de contrastes. Si tenemos la humildad suficiente, podremos aprender con ellos, y crecer juntos. Tomarnos de la mano y permitir que nos guiemos mutuamente en esta aventura, para empoderarnos, JUNT@S.

El mismo Pepe Del Río, una máquina del coaching y actual Vice Presidente de la IAC ha dicho algo similar sobre sus propios hijos:

 

Mis hijos son mis grandes maestros y lo más maravilloso es ver a tus hijos empoderados. ¿Cómo empoderas a un hijo? – Nunca le digas que no puede hacer lo que se ha propuesto.

Pepe Del Río

Si te interesa saber más de coaching con Pepe, puedes también seguirlo aquí.

 

Podría concluir que es un proceso circular. Pues tú también serás el primer coach que tenga tu hij@.

Para mí, esta aventura está recién comenzando, junto con muchas mamás más que están en el mismo proceso. Y de lo que me doy cuenta, es que no existe eso de que o eres mamá o eres mujer.

 

¿QUÉ ES ESO? ¿SE PUEDE REALMENTE SEPARAR UNA COSA DE LA OTRA?

 

Dejo la pregunta abierta a debate.

 

Eres fantástica mamá – mujer. Estás dando lo mejor de ti super heroína – mamá. Estás expandiendo todos los límites de lo que creías posible chica elástica. Estás apelando a todos tus poderes secretos para maternar, ser individuo con un mundo propio y ser amante a la vez. Te estás acostumbrando a tu nueva piel, y eso toma tiempo pequeña gran oruga – mamá – mariposa. Eres hermosa con tus ojeras recién adquiridas, con tus estrias de postparto y esa pancita de evidencia. Son tus cicatrices de batalla.

 

Siéntete orgullosa: La estas haciendo toa mamacita. Eres una fuerza sin igual.

 

Imagen destacada: Disney

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Catalina Bonnet

Catalina Bonnet

Mamá de Celeste, Life coach, Geógrafo.
Empoderamiento humano, liderazgo y alineamiento de equipos.
Catalina Bonnet

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